Con 96 años de edad, murió mi abuela paterna. Siempre me gustó tocar su piel arrugadita y delgada, mientras me contaba detalladamente alguna de sus historias de vida.
Son luces convertidas en instantes, advertencias, confidencias del cotidiano lanzadas al aire, para revelar a quienes las miran, la parte del camino en donde estoy. Brillan en lo alto, y mientras dan el aviso, iluminan mi trayecto, para seguir andando.
2 comentarios:
Que chido recuerdo de tu abue. Ojala algun dia, de quien sabe que tiempo y espacio, sus manos se toquen nuevamente.
Saludos. Abraham
la foto captura los momentos, el alma los sentimientos...
Publicar un comentario en la entrada